domingo, 25 de octubre de 2009

El puente de Marialba, sobre el Azaba

A unos tres kilómetros y medio de Gallegos de Argañan, en el camino a Ciudad Rodrigo, en la primavera de 1810 la rivera del Azaba marcaba la línea de separación de las avanzadas británicas por un lado, y las fuerzas francesas por otro.


Tras el inicio del asedio francés de Ciudad Rodrigo, en abril de 1810, el General Wellington establece sus avanzadas, la famosa División Ligera, en la zona de Gallegos, con el extremo más adelantado en el lado oriental del Azaba, observando directamente los trabajos de zapa franceses.

Cuenta el fusilero Costello en sus memorias que una tropa de artillería a caballo estaba situada en el centro del pueblo de Gallegos, cerca de la iglesia, con uno de los cañones siempre dispuesto a hacer fuego. Un centinela vigilaba constantemente una baliza, erigida con maderos, en una colina a una milla del pueblo. Al lado de la baliza se colocaban un fusilero y un húsar, los cuales, si uno de los piquetes avanzados era atacado, debían prender fuego a la baliza, disparando en la pila de troncos. En caso de no prenderse, el húsar debía dar tres vueltas alrededor de la baliza, con su sombrero en la punta de la espada, señal que significaba que el cañón debía dispararse en el acto, y la totalidad de la División Ligera aprestarse al combate.

En junio de 1810 la zona entre Gallegos y Carpio fue testigo de numerosas escaramuzas entre franceses y británicos, hasta que, en la primera semana de julio, con la caida de Ciudad Rodrigo y el incremento de la presión francesa, el General Craufurd ordena a su División el repliegue definitivo hacia el Fuerte de la Concepción y Vale da Mula, ya en Portugal.

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