miércoles, 28 de octubre de 2009

El puente sobre el Coa, Almeida

Uno de los puentes más famosos de la historiografía de la Peninsular war, un “must see” que dicen los modernos, testigo de una de esas derrotas gloriosas de las que los británicos tienen el secreto y en la que una vez más se derrochó heroísmo (o inconsciencia, vaya usted a saber) a raudales y en ambos bandos.


Un poco de historia, para situarnos: en julio de 1810 la División ligera del Brigadier General Craufurd deja los alrededores de Ciudad Rodrigo y se establece en el Fuerte de la Concepción y en la cercana población portuguesa de Vale da Mula. Tras la caída de Ciudad Rodrigo, el 10 de julio, Craufurd vuela el Fuerte de la Concepción y se retira hasta Almeida, la ciudadela abaluartada portuguesa, donde establece su posición entre la ciudad, a su izquierda y el rio Coa, a su derecha.

Wellington insiste en varias ocasiones en que pase sus tropas a la orilla izquierda del río pero Craufurd se hace el sordo (o el ciego, dado que las ordenes iban por escrito). El General tiene a su favor la experiencia de meses anteriores y en su contra el factor que Wellington le insiste en considerar, que el único paso del río, la única escapatoria, se encuentra en el puente que tiene a su espalda. Y otro dato más en contra, enfrente está el Mariscal Ney “le brave des braves” que en 1810 ya las ha visto de todos los colores (y las que le quedan) y no se anda con chiquitas. Así las cosas, en la madrugada del 24 de julio de 1810 las tropas francesas salen de Vale da Mula, recorren los escasos diez kilómetros hasta Almeida, se infiltran entre la ciudadela y el flanco izquierdo británico y comienza la “carrera” entre los unos y los otros por ver quién se hace con el puente. El terreno es escabroso, empinado y dividido por cercas de piedra. Entre árboles, muros y peñascos se libran pequeños combates, en mitad de una perfecta desorganización. Los ingleses llegan primero, pero por poco. Y aquí empieza lo de derrota gloriosa: La División Ligera toma posiciones en la margen izquierda del río y somete a los franceses a una lluvia de plomo tal que los cadáveres se amontonan en el puente, hasta la altura de los pretiles. Los chicos del 52 de Infantería, cuya ubicación inicial les perjudica (están cubriendo el flanco derecho, por debajo del puente) se encuentran por un momento aislados de sus compañeros, pero un contraataque británico abre un pasillo por el que consiguen ponerse a salvo. A salvo relativo, porque balas de mosquete y bolas de cañon se entrecruzan en abundancia.

Los galos lo intentan hasta en tres ocasiones. Nombremos aquí al 66º de Línea que atacó no una, sino dos veces y al corps d’elite de chasseurs que sufrió en diez minutos 237 bajas de los 300 oficiales y soldados que lo formaban. Los fusileros apuntan con cuidado, a los oficiales franceses que van por delante, con el sombrero en la punta de la espada y gritando “allez les enfants, pour l’Empereur ¡!”. Impresionante. Pero no pasan.

Finalmente y bajo un tremendo aguacero ambas partes se ponen de acuerdo en detener las hostilidades. Los ingleses bajan al puente a recoger a los heridos, los franceses hacen lo propio y no hay duda que ocurrió ese hecho que tanto asombra hoy en día; seguro que aprovecharían el momento para compartir algún tabaco, alguna bebida y comentar “la jugada”, como buenos profesionales.

Todo esto -y mucho más, porque estuvo en casi todos los fregados- lo cuenta mucho mejor que yo el Teniente George Simmons, del 1/95 de Rifles (palabras mayores) cuyo libro “A british rifleman” es una obra muy entretenida, muy ilustrativa y muy recomendable.

1 comentario:

  1. Gracias por la información. Otro lugar más para la lista de sitios napoleónicos que tengo que visitar. Felicidades por el Blog, poco a poco vamos animando a la gente por un tipo de turismo que no se da en España.

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