domingo, 1 de noviembre de 2009

El puente sobre el Águeda en Barba del Puerco


Actualmente Barba del Puerco se llama Puerto Seguro, lo digo por el GPS. El origen del segundo topónimo está documentado, el del primero no, entra más en la leyenda, pero es innegable que el primero tiene una sonoridad de la que carece totalmente el segundo. Iba a decir que son estos tiempos, de lo políticamente correcto y tal, pero el cambio tuvo lugar en 1916 así que ya se sabe, no hemos inventado nada.



En marzo de 1810 la División Ligera de Craufurd está estacionada entre los ríos Coa y Águeda, empleada en su doble papel de avanzadilla por un lado y primera línea de defensa del ejército británico por otro. El 11 de marzo, tras un febrero un tanto agitado, de marchas y contramarchas, cuatro compañías del 95 de Rifles, unos 200 hombres, ocupan Barba del Puerco, con la misión de vigilar los movimientos franceses del otro lado del Águeda. La distancia del pueblo al río es de unos 500 metros, que leído aquí no parece mucho, pero incluyen un camino de cabras, antigua calzada romana, de los de ir en fila india, zigzagueando con cuidado y con la seguridad, en caso de resbalón, de despeñarse tranquilamente en el Águeda.

Enfrente, los tres mil hombres de la brigada del General Ferey, del VI Cuerpo del Mariscal Ney, en San Felices de los Gallegos, a unos cinco kilómetros del puente. En la noche del 19 de marzo decide atacar con nocturnidad y alevosía, y con una lluvia de mil demonios, al retén británico. Aparentemente Ferey estaba muy bien informado, por las charlas que intercambiaban los soldados de ambos bandos estacionados en el puente. Con seis compañías de su infantería ligera, unos 600 voltigeurs, emprende el camino y al toque de la medianoche aparecen en el puente.

Aquí estuvo Simmons, y otro ilustre cronista, el soldado Edward Costello, pero para guiarnos hoy dejaremos que nos lleve de la mano el General Verner, autor de una magna obra (en dos palabras, una joya) sobre la “Rifle brigade”.

Al atardecer del 19 de marzo el Capitán Peter O’Hare coloca a los centinelas que cubrirán el turno de noche. Dos de ellos se ubican en la entrada del puente, un sargento y doce hombres un poco más atrás, en el sendero, y el resto de la compañía en la ermita, a tiro de piedra del pueblo. Diluvia, el Águeda está crecidísimo y encajonado por el desfiladero el ruido del torrente es tal que no deja oír absolutamente nada. Los voltigeurs asaltan la primera posición inglesa. Maher y M’Can, los fusileros de guardia casi se dejan sorprender, pero uno de ellos logra lanzar la señal de alarma, un disparo. La escuadra colocada algo más arriba lo oye y comienza a hacer fuego sobre los franceses, que suben ya las primeras rampas. A punto de ser arrollados aparece el resto de la compañía, unos 30 hombres al mando del Teniente Mercer. Con un disparo en la cabeza Mercer es de los primeros en caer, a los pies de Simmons.


De vez en cuando brilla la luna, y los fusileros apuntan a la cruz que, sobre los gabanes oscuros, forma el correaje blanco de los franceses. Por su parte, con el uniforme oscuro y desperdigados entre las rocas, los fusileros no son blanco fácil. Pero los franceses no cejan. Resueltos y encabezados por los tambores que tocan el pas de charge y sus oficiales, siempre dando ejemplo, empujan a los británicos hacia arriba, llegando a las alturas del barranco.

Allí, el Capitán O’Hare anima a sus hombres con palabras que Churchill emplearía, en parecidas circunstancias, 130 años después: “We shall never retire. Here we will stand. They shall not pass but over my body” (qué tíos, es que tienen un don para estas cosas!!)

La refriega dura ya media hora, pero por fin acuden los refuerzos, las tres compañías de reserva, al mando del Coronel Beckwith. Tras una cerrada descarga de fusilería fijan las espadas en los rifles (los fusileros llevaban una espada, no bayoneta) y cargan contra los atacantes. Estos se retiran precipitadamente por el empinadísimo sendero, dejando sobre el terreno unas veinte bajas, sin contar algunos heridos que son ayudados por sus camaradas a cruzar el río. Los ingleses sufren 23 bajas, pero el asunto les vale la felicitación de Wellington, lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que era la primera acción de los fusileros en la campaña y al General Craufurd un espaldarazo a sus teorías, aunque Ney esperaba, cuatro meses y unos kilómetros más al sur…

El despacho de Wellington

1 comentario:

  1. Bueno, pues lo apuntamos a la lista de nuestras próximas visitas. Un buen itinerario sería Puente del Coa, Barba del Puerco, Almeida...

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