jueves, 12 de noviembre de 2009

El puente de Barba del Puerco - La gran evasión

En mayo de 1811, tras la batalla de Fuentes de Oñoro, que finaliza el día 5 después de tres días de combates, el Mariscal Masséna ocupa la posición del Dos Casas durante un par de días más, pero a la postre debe rendirse a la evidencia, carece de recursos para desalojar al ejercito de Wellington de la posición que ocupa y, por tanto, para obligar al caudillo británico a levantar el asedio de Almeida.


Se impone por tanto alertar al General Brenier, que ocupa la ciudadela con 1.500 de sus hombres, que debe preparar la demolición de las defensas de la abaluartada plaza portuguesa para acto seguido llevar a sus hombres hacia Barba del Puerco, dónde debe enlazar con las fuerzas francesas que ocupan aún dicha localidad.

Tres voluntarios se presentan para llevar las instrucciones de Masséna, aunque finalmente sólo llegará uno de ellos, los otros dos son capturados y, tomados por espías, fusilados por los retenes ingleses. Tras recibir el mensaje, el General Brenier inicia dos días de actividad frenética para, por un lado, culminar los preparativos para la voladura de la plaza fuerte, y por otro lado, planear la fuga de la guarnición.

Y así, en la noche del 10 de mayo, a cosa de las diez, salen, con el General al frente, dos columnas de Almeida, que se dirigen primero al norte, en teoría el sector menos vigilado, para luego girar al este, hacia el Águeda y la salvación, a unos 25 kms de distancia, si no me fallan los cálculos. Al principio todo va bien, pero al toque de la medianoche, alertados por la tremenda explosión que provoca el retén de ingenieros encargado de destruir los baluartes, las tropas británicas y portuguesas inician una persecución nocturna, llevada con más o menos acierto, según las unidades y los jefes, hasta que, ya entrado el día, la columna de la derecha emprende la bajada hacia el puente de Barba del Puerco, apoyada por las tropas francesas que, desde el lado de San Felices de los Gallegos hacen fuego sobre los perseguidores. Pero la columna de la izquierda, algo más rezagada, se ve asaltada por la caballería inglesa del General Cotton por



un lado, y los tiradores de la Brigada portuguesa de Pack, por el otro. Muchos hombres optan, entonces, por “atajar” hacia el puente, descendiendo a través de las escarpadas laderas del desfiladero del Águeda. Algunos se precipitan al vacío, otros caerán bajo el fuego inglés, pero, no menos de 1.300 hombres alcanzan el puente, poniendo fin, de esta manera tan agitada, a la tercera invasión francesa de Portugal, que había empezado un año antes en este mismo lugar .

La gesta de la guarnición de Almeida queda como un episodio desconocido de la Peninsular War, aunque Wellington, que se pilló un monumental enfado en la mañana del 11 de mayo, llegó a exclamar que era una evasión que valía una victoria. Parte del enfado se origina, que duda cabe, en que el General francés le debía al Lord unos centenares de libras, que éste le había prestado a Brenier cuando el francés fue preso en Londres, un par de años antes, pero el asunto no deja de tener su ironía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario