domingo, 22 de noviembre de 2009

El puente sobre el Dos Casas, en Aldea del Obispo

Cuando en la mañana del 11 de mayo de 1811 el General Wellington se enteró de la fuga de Brenier  desde Almeida montó, como se dice vulgarmente, en cólera. Y esta cólera tuvo desde los primeros instantes un objetivo claro: el Teniente Coronel Charles Bevan, al mando del 4º regimiento de infantería (the King’s Own Royal Regiment) que debía, según el Lord, haber posicionado su tropa, en la noche del 10 al 11, de tal manera que el camino de la guarnición francesa, evadida de la plaza portuguesa, se encontrase totalmente inhabilitado. De hecho, según Wellington y ya post facto, las tropas de Brenier hubiesen chocado “headlong” (o sea, de cabeza) con el 4º regimiento, un poco antes de llegar a Barba del Puerco, a su puente y al éxito de la fuga.


El caso es que el 4º de Infantería pertenecía a la Quinta División del Mayor General Sir William Erskine (uno de los personajes más controvertidos del ejército), y que éste recibió las ordenes (de desplazar hacia Barba del Puerco el regimiento de Bevan) del Lord al atardecer, en mitad de una cena dónde, según ciertas fuentes, abundaban las vituallas y las bebidas espirituosas. Tan es así, que Erskine recibió los papeles y se los guardó cuidadosamente en el bolsillo. Cuando se acordó de ellos, unas horas después, se los hizo llegar a Bevan, que se hallaba por entonces situado un par de kilómetros al norte de Aldea del Obispo, y por tanto, de las ruinas del Fuerte de la Concepción. Por los motivos que sean, y no es el menor que la hora era tardía, cerca de la medianoche, que desconocía el camino preciso hacia Barba del Puerco, que era un (sobre)entendido que las ordenes recibidas de noche se cumpliesen con la primera luz del día al alba y, last but not least, que la misión primaria de Bevan era vigilar el puente de Aldea del Obispo, el caso es que el King’s Own no se movió en unas horas y cuando lo hizo, marchando al son de la fusilería con que los ingleses perseguían a los franceses de Brenier por los oscuros  caminos salmantinos, ya era demasiado tarde.

Aldea del Obispo desde el puente. A la dcha, en el
horizonte, un bastión del Fuerte de la Concepción.

En fin, que no fue la mejor noche de Charles Bevan en su larga carrera militar (comenzó con 16 años, en 1795), está claro; que algo de culpa tenía en la monumental pifia británica, también; pero nos queda la incómoda sensación que Wellington dirigió sus mortales vocablos contra la parte más débil de la cadena y ésta, finalmente, terminó quebrándose, en el sentido más literal del término.

Efectivamente, tras haber solicitado sin éxito un Consejo de Guerra, en el que hubiese podido exponer su versión de los hechos, el Teniente Coronel Charles Bevan se suicidó de un disparo en Portalegre, tras dos meses de angustia y pesadumbre por el honor perdido, el 8 de julio.

Por si alguien quiere profundizar en esta triste historia, antes, durante y despúes de la agitada noche del 11 de mayo de 1811, dejo aquí referenciados un par de textos: un libro, “Wellington’s scapegoat” de Archie Hunter editado en Pen & Sword y un artículo del gran historiador S.G.P. Ward “Brenier’s escape from Almeida” en Journal of the Society for Army Historical Research, vol 35 número 141 (éste es díficil de conseguir, si alguíen lo quiere se lo podría mandar escaneado)

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