sábado, 9 de enero de 2010

El puente de Cacabelos

Estos dias de frio y nieve sobre la Península me han traído a la mente la retirada del ejército británico al mando de Sir John Moore, comenzada en Sahagún en la Navidad de 1808 y culminada en La Coruña, el 17 de enero de 1809.

La historia de la retirada es la historia de un horror casi continuo para todos los implicados, soldados británicos y franceses y, sobre todo, para los pueblos y gentes de nuestra nación,  que tuvieron la mala fortuna de encontrarse en el camino de los unos y los otros.



La ruta desde Sahagún está jalonada de puentes, y aunque me alejo un tanto de la tierra salmantina creo que, en honor a la temperatura reinante, merece la pena el desvio al puente que salva el rio Cúa en Cacabelos, en la provincia de León.

Y no solo por la belleza de los alrededores, o de Ponferrada, o de Villafranca, sino porque queda para la pequeña historia de la Peninsular war la muerte en el combate por el puente, el 3 de enero de 1809, del General francés Auguste de Colbert.

El "petit combat" como lo describió el mismo Emperador en su correspondencia desde Benavente, fue una acción de retaguardia en la que el General Moore intentó frenar la persecución del ejercito francés al mando del Mariscal Soult, planteando batalla por la defensa del puente de Cacabelos.

A pesar de la teórica planificación de Sir John Moore, ello no evitó que algunos elementos británicos fueran sorprendidos en el lado equivocado del Cúa, lo que llevó a la consabida retirada presurosa a través del puente. Eso sí, una vez a salvo, los ingleses se rehicieron y apoyados por al artilleria emplazada en una altura próxima (el Castro Bergidum, vale la pena la visita, por el castro en sí y por las espectaculares vistas desde lo alto) inician un intenso fuego que impide el ataque francés.

El General Colbert, al mando de la caballería ligera es a sus 31 años uno de los más jóvenes del ejército imperial y uno de los "hombres más apuestos de Europa". Tal vez la propia juventud y por ende la natural impaciencia le incita a ponerse a la cabeza de los asaltantes, pero apenas ha dado unos pasos cuando el destino le alcanza, en forma de plomo inglés, de un certero disparo en la cabeza.

El disparo, que aún resuena 200 años despúes, tiene su aquél porque el fusilero Thomas Plunket del 95 de Rifles apuntó cuidadosamente (la palabra importante aquí es apuntó) a su blanco, en un tiempo en que acertar a alguién del montón y a más de cincuenta pasos se consideraba ya una proeza.

Algunas malas lenguas (El fusilero Costello entre otros, aunque él no estuvo en la retirada) sostienen que Plunket fue debidamente estimulado por una recompensa que habría ofrecido su General, pero, sinceramente, no me lo creo, en esa época aún era de mal gusto que los generales se matasen entre ellos. Sea como sea, y no contento con ese primer tiro, el fusilero Plunket realizó un segundo disparo que se llevó por delante al edecán del General, el Teniente Latour-Maubourg.

Finalmente, tras horas de estancamiento, a la caída de la tarde los franceses quedan dueños de Cacabelos y los ingleses se retiran hacia Villafranca.



Dejo aquí, y espero no incurrir en la iras de ningún defensor de los derechos de autor, la magnifica pintura de J. P. Beadle sobre la retirada, "The Rearguard". Los soldados son los del 95 de Rifles y el comandante es el General (por entonces Coronel) Robert Craufurd.

Literatura sobre la campaña de la Coruña hay a montones, probablemente porque el mismo Napoleón participó, por lo menos en su tramo inicial. Mis libros preferidos - hasta que tenga el placer de ponerme con el "La Corogne. Les aigles en Galice" de Natalie Griffon de Pleineville
que referenciaba Miguel Angel Martin Mas en su blog "Historias de un divulgador y traductor ..." - son "La marcha de la muerte" de Christopher Summerville, las "Memorias" del Mariscal Soult y, sobre el episodio de Cacabelos, un texto apasionante del catedrático  Francisco González González, "Retirada de Moore y batalla anglo-francesa de Cacabelos", editado por el propio Ayuntamiento.

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