domingo, 31 de enero de 2010

"Guards Cemetery" en Bayona

Andaba hace unos días consultando la monumental (en el sentido literal, son 949 páginas) biografía que Carlo d’Este le dedicó hace algunos años al General Patton cuando caí sobre una célebre frase atribuida al militar americano; algo así como: “"The proper end for a professional solder is a quick death inflicted by the last bullet of the last battle."

Lo que me lleva al “Guards Cemetery” en Bayona, en Francia. Allí, en la noche del 14 de abril de 1814 las tropas inglesas que asediaban la Ciudadela desde finales de febrero, tras haber cruzado el Adour y aislado en la fortaleza a las tropas del General Thouvenot se las prometían felices. En efecto, en los días anteriores, el Emperador ha abdicado, los Coaligados han entrado en París y Wellington ha derrotado a Soult en Toulouse; parece que por fin se termina el conflicto que ha empezado la friolera de 20 años antes, con la primeras guerras de la Revolución …


Total, que en esa noche de abril, todo el mundo está más o menos relajado, cuándo a cosa de las tres de la mañana cerca de tres mil soldados franceses realizan una incursión desde la Ciudadela. Las trincheras de asedio británicas trazan un arco desde el Adour, con puntos de apoyo en la iglesia de St. Etienne y en el cementerio hebreo, precisamente donde la lucha será más dura. El combate es confuso, en un primer momento las columnas galas rompen la línea inglesa y llegan hasta la retaguardia y los distintos campamentos. El General Hay, al mando de los sitiadores es abatido, y el General Sir John Hope, comandante de la Primera División hecho prisionero y herido .. por sus propios hombres ! Pero al cabo, la Brigada de Guardias del General Maitland (que se distinguirá unos meses después en Bélgica) y las tropas de la King’s German Legion logran detener a los asaltantes y rechazarlos hacia la fortaleza.


La refriega de cinco horas habrá costado las vidas de unos 1.800 soldados franceses y británicos que podemos considerar, apropiadamente, como los últimos muertos de la Peninsular War. Algunos de ellos, oficiales del Tercer regimiento de los Guards, están enterrados en un pequeño cementerio en las afueras de Bayona, dónde otrora estuvo su campamento y dónde cayeron.

Por cierto, el General Patton, para –probablemente- gran disgusto propio, murió en Alemania unos meses después de acabar la Segunda Guerra Mundial, en un accidente de coche …

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