lunes, 20 de septiembre de 2010

Bayona – Castillo de Marrac

Ya sé que tengo pendiente el periplo por los puentes de Vitoria 1813, pero como he estado de vacaciones cerca de Bayona no me resisto a saltarme el turno y dedicar mejor una serie de entradas a esta ciudad en su época imperial.

Y digo imperial porque aquí dónde las veis, esta escasas ruinas del Château de Marrac fueron en mejores tiempos ni más ni menos que residencia imperial de Napoleón I.


Debo reconocer que me pierdo un poco (no, miento, bastante) en el acontecer de nuestra Real Familia en la primavera de 1808. Las idas y venidas de Carlos IV, Felipe VII, Maria Luisa de Parma, Godoy y demás Infantes, consejeros, cortesanos y nobleza, se me antojan de imposible entendimiento para mi escasa capacidad de comprensión y por mucho que lo intento no logro comprender qué papel desempeña cada personaje en los acontecimientos y quién le hizo qué a quién ni porqué. En fin, un desastre.

Así que me limitaré a lo que seguro que ya sabéis todos mejor que yo y que resumo de una estupenda "Historia de España" editada hará ya un lustro por el diario “El Mundo”, en su volumen dedicado al siglo XIX.

Placa en el Castillo viejo de Bayona. Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II
adquirió y amplió el castillo de Marrac en su exilio, hacia 1729.

Más o menos es así: tras el motín de Aranjuez (19 de marzo de 1808) Carlos IV abdica en su hijo Fernando. A los pocos días el ya ex - monarca se arrepiente y retira la abdicación. Ambos, padre e hijo, deciden someterse a la mediación de Napoleón, cuyas tropas, no lo olvidemos, campan ya a sus anchas por el noroeste de la Península como muestra el "Estado del Ejército francés en España en abril 1808" (con permiso de Miguel Ángel García y mi agradecimiento por su ayuda).

Con engaños por parte del Embajador francés y del Mariscal Murat, primero Fernando VII y luego sus regios padres salen de Madrid, el 10 y el 20 de abril de 1808 respectivamente, y se dirigen hacia el norte. Aunque en un primer momento la cita con Napoleón se piensa tendrá lugar en Burgos o Vitoria, de lo dicho nada, el pérfido Emperador ha llegado a Bayona el 14 de abril y espera en su recién adquirido château la llegada de los monarcas españoles, mientras pasa revista diaria a la Guardia en el parque de la propiedad.

Sí los árboles hablasen ....

Digo recién adquirido porque cuando Napoleón llegó a Bayona desechó rápidamente la residencia propuesta, el Castillo viejo, y prefirió la casona señorial de Marrac que, como nos cuentan en “Histoire de Bayonne - le Consulat et L’Empire 1808 1814-” fue adquirida a sus dueños, unos hermanos, comerciantes israelitas llamados Marqfoy, por la módica suma de 60.000 francos (lamentablemente no tengo el tipo de cambio a mano).


Ilustración del Château de Marrac. Los grabados
del edificio original son escasos.

Fernando VII llega a Bayona el 20, la Emperatriz Josefina el 27 y Carlos IV y su delegación el día 30. Napoleón acoge al primero con imperial frialdad y al último con extrema calidez, con salvas de ordenanza, revista de tropas y recepción de notables.


La Porte d'Espagne de la Ciudadela de Bayona, testigo del desfile de VIP
en abril y mayo de 1808.

Y así, tras unos días de conversaciones familiares más o menos amables llegamos al fatídico 5 de mayo, día en el cuál el más ilustre de los hijos de Córcega recibe de manos de un correo llegado directamente de Madrid, la noticia del levantamiento en la capital y (supongo) decide dar el consabido puñetazo en la mesa. Se asegura por la mañana de ese mismo día que Carlos IV le cede los derechos a la Corona de España, obliga a Fernando VII a devolver el trono a su señor padre y finalmente ofrece la corona a su hermano José.

Muro oeste y sótano.

Y luego todo este “beau monde” se dispersa; Carlos IV a Compiègne, Fernando VII a Valençay y el Emperador a sus quehaceres, que, por cierto, en unos pocos meses le llevarán a España a arreglar en persona ciertos desaguisados de su Augusto Hermano.

¿Y el Castillo de Marrac? El 21 de julio de 1808 Napoleón y su séquito dejan Bayona. En noviembre de 1808 el Emperador reside por un único día en el castillo, de paso hacia España, pero a su vuelta de la Península ibérica, en enero de 1809, apenas se detiene unas horas antes de proseguir ruta hacia Burdeos. Nunca volverá, ni a España ni a Bayona.

Muro norte del castillo

En 1813 ante la proximidad del ejército inglés se evacua el mobiliario, y el edificio queda abandonado. En 1825 un incendio lo arrasa, y no será hasta 1907 en que se decide proteger los restos. Actualmente lo que era en 1800 una residencia de campo se encuentra rodeada por los suburbios, pero el parque y las ruinas son otros de esos parajes evocadores dónde sabemos que se escribió una parte importante de nuestra Historia.

Placa del "souvenir français" en el muro del castillo.

2 comentarios:

  1. Si estuvieran en España hace años que las hubieran metido la pala. Menos mal que los franceses las han conservado para recordarnos la vileza de un padre y su hijo.

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  2. Vileza de padre y de hijo, con la madre presente para completar tan augusta trinidad, sin olvidarnos del espíritu custodio, Godoy, tan altísimas personas todas que jamás, a pesar de todo, dejaron después de Marrac de pasear sus serenísimas presencias entre el gran lujo de palacios como Valançay, Compiègne o Barberini, mientras el sufrido pueblo español se desangraba, entre los míseros adobes en que la mayoría vivía, suspirando por la vuelta a los palacios patrios de la segunda persona de tan singular trinidad: el hijo. Y lo consiguió, vaya si lo consiguó aquel noble y terco pueblo, para mayor gloria del adobe, no sólo físico, sino sobre todo mental, en el que se empeñó en seguir viviendo, bajo la corona que recuperaron para el ominoso felón.

    José Marcos.

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