jueves, 18 de marzo de 2010

Dios me guarde de mis amigos ...

Hoy tocaba entrada sobre el puente en Puente del Arzobispo, pero según refrescaba el tema  se me ha ido la mente a otras consideraciones y ya que estamos todos de buen humor porque es vispera de puente ... allá va ...

Decía Winston Churchill (qué socorrido es, tiene frases para todo !!) que “sólo hay algo peor que librar una guerra con aliados, y es librarla sin ellos”.

Me temo que ciento y pico años antes Wellington hubiese alterado los términos sin demasiados tapujos, dado que tras la experiencia con los ejércitos españoles en la Campaña del Tajo creo, si no me equivoco, que procuró no volver a combatir con un ejercito español en ninguna de las batallas que siguieron a la primera, Talavera 1809.

 Evidentemente estoy generalizando, y hubo tropas españolas en Arapiles, en Vitoria, en los Pirineos, y tampoco incluyo a los irregulares, pero queria decir, tal vez mal expresado, que el Lord evitó en lo sucesivo consensuar sus decisiones con los de su teórico aliado.

El castillo de Oropesa. En julio de 1809 lugar de
encuentro de los Generales Cuesta y Wellesley

Los movimientos de los ejércitos, personificados en el General español Cuesta por un lado y el Lord por otro, antes, durante y después de la batalla de Talavera han sido estudiados, analizados, interpretados y malinterpretados por historiadores y aficionados durante décadas, y cada nuevo libro aporta un poco más de confusión, por lo menos para el que suscribe.

A estos efectos, no deja de asombrarme como la reciente literatura española sobre Talavera (y La Albuera, el otro enfrentamiento diseccionado hasta la saciedad) adopta un enfoque revisionista, en que no se trata tanto de narrar las operaciones militares (que es lo que a mi me apetece que me cuenten, la verdad) sino que se dedica página por aquí y plano por allá a demostrar que lo escrito por Oman, Napier, Fortescue (por citar sólo a los clásicos) y, en general, por cualquier angloparlante –incluidos los que sí estuvieron allí- es una falacia cuyo objeto único es ensalzar a los mandos y soldados de casaca roja y denostar a los que llevan casaca blanca. De hecho los que llevan casaca azul ni entran en la ecuación ...

Monolito británico en el Cerro Medellín, en Talavera,
hasta aquí llegaron los británicos en 1809.

Y será verdad, pero que quieren que les diga, me emociona, igual ahora que la primera vez que me sumergieron en la Peninsular War, como describe esa gente tan artera y retorcida la valiente muerte de Sir John Moore, la desesperada defensa del Coa, la terrible lucha en las calles de Fuentes de Oñoro, o la frenética galopada de Wellington en Arapiles, tras arrojar el muslo de pollo .. ¿o era sandwich de pavo?

domingo, 14 de marzo de 2010

Where it all began

Evidentemente, no tiene las resonancias míticas de la playa Omaha, ni la sonoridad del "día más largo", el 6 de junio de 1944, pero los adictos a la Peninsular War guardamos en un rincón de nuestra faceta evocadora la fecha del 1 de agosto de 1808 y el topónimo de Mondego Bay.

Figueira da Foz -al fondo- y la desembocadura del río Mondego

Porque como todos sabemos, en dicha fecha y en dicho lugar nuestro Lord preferido, por aquella época Teniente General Sir Arthur Wellesley para ustedes, desembarcó en la Península Ibérica, al mando de una fuerza, un tanto desdeñable, todo hay que decirlo, de unos nueve mil hombres, entre los cúales se encontraban, como no, los fusileros del 95th, que no tardarían en intercambiar los primeros disparos con los franceses, en un pueblecito llamado Óbidos.

Wellesley zarpó de Cork, en Irlanda, el 12 de julio de 1.808. Tras una travesía un tanto lánguida arribó a la Coruña, dónde, supongo que para su sorpresa, la Junta local no quería saber nada de desembarcos aliados, que sólos nos bastamos para, como diría Reverte (me tomo la licencia), "apechugar al gabacho". Así que la flota inglesa se dirige a Oporto y posteriormente a la desembocadura del Mondego, cerca de Figueira da Foz, dónde, hacia el mediodia del 1 de agosto comienzan las operaciones de desembarco.


El Atlántico en Figueira da Foz .. en diciembre 2008

Lamentablemente no tengo en mi escasa biblioteca wellingtoniana ninguna referencia directa al desembarco en sí. Me consta haber leído un extracto del libro "On the road with Wellington" del Comisario Augustus Schaumann sobre este día tan señalado, pero como estaría citándo de memoría y uno ya no está para muchos trotes mejor me abstengo.

Sin embargo, por mantener la tradición, me atreveré a recomendar en esta ocasión el trabajo exhaustivo de Charles Esdaile "The Peninsular War - a new history" en el cúal el contexto político y militar de la llegada del ejercito británico a tierras hispanas, mejor dicho lusas, queda perfectamente explicado.