jueves, 22 de abril de 2010

El puente de Almaraz

La privilegiada y estratégica situación del cacereño puente de Almaraz (o de Albalat, para los amigos) en el camino de Madrid a Lisboa provocó que, a mediados de marzo de 1809, el general Cuesta, tomase la decisión de volarlo, para impedir su empleo por las tropas francesas del Mariscal Víctor, que se dirigían hacia el suroeste de la Península. La jugada no fue muy allá, visto que unos días después, el 28 de marzo, el Ejército de Extremadura sufrió una tremenda derrota en las proximidades de Medellín.


La voladura a la que antes aludía se realizó con algunas dificultades. Debido a la fortaleza de los pilares la carga explosiva empleada apenas dañó la estructura, de tal manera que se decidió hacerle una cortadura a uno de los dos arcos del puente, con tan mala fortuna que el empleo de pico y barreno afectaron a la clave, provocando su caída inesperada y la muerte de una treintena de hombres de los que trabajaban encima del puente. Murieron también el oficial que los dirigía (con no demasíado acierto) y algunos otros que estaban en las orillas, observando la demolición y que fueron arrastrados por la subsiguiente crecida de las aguas.

Unos meses despúes, en el otoño de 1809, los ingenieros franceses construyen un paso por medio de barcas, muy cerca y aguas abajo del parcialmente destruido puente. Para vigilar el enclave establecieron dos fuertes y algunas posiciones menores en ambas orillas del Tajo, conocidos como Fuerte Napoleón el situado en la margen izquierda del río y Fuerte Ragusa el ubicado en la derecha.

El Cerro de la Ermita, dónde se ubica  Fuerte
Napoleón, visto desde la orilla derecha del Tajo 

Y aquí empieza la entrada de hoy. Unos años después de lo arriba narrado, en enero de 1812, el Lord inicia las operaciones ofensivas contra el ejercito imperial. Para proteger el flanco derecho de su avance debe tomar Badajoz -lo que ocurrirá en abril- y cortar las comunicaciones a través del Tajo.

A cosa del 7 de mayo Wellington ordena la destrucción del puente de barcas. Se inicia así, a mediados de mayo de 1812, una de esas operaciones de comandos a las que tan proclives son los anglosajones. 

 Ruinas del Fuerte Napoleón. Al fondo, entre
los árboles se apercibe el puente

Una fuerza de casi un millar de hombres -británicos, portugueses y alemanes (creo que esta vez no me dejo a nadie) - de la Segunda División, al mando del "most trustred of subordinates" de Wellington, el Teniente General Sir Rowland "Daddy" Hill inicia una marcha montaña a través que les lleva, en las primeras horas del 19 de mayo al pie de la colina -el Cerro de la Ermita- dónde se encuentra Fuerte Napoleón, una construcción sólida, rodeada por una muralla y con una semejanza de torre del homenaje, con foso y puente levadizo, dónde se refugiaran los últimos defensores. Allí, en el acceso a la torre morírá, tras negarse a la rendición y con la espada en la mano el Coronel Aubert, comandante de la guarnición. Los demás, ante la acometida anglo-lusa huyen colina abajo, hacia el río, perseguidos por los británicos. Estos, llevados del ímpetu, cruzan el Tajo por el puente de barcas y se hacen también dueños del Fuerte Ragusa, cuyos desalojados ocupantes no paran ya hasta Almaraz, a un par de kilómetros al este.


Cara sur del Cerro de la Ermita. Por aquí atacaron las tropas de Hill.

Un día después, tras destruir todo lo destruible, fuertes, flechas, barcas y pontones y arrojar al rio todo tipo de ferretería, balas de cañon  y cañones incluidos, las tropas de Hill se retiran hacia Trujillo.

Hoy en día la excursión al paraje es sumamente remuneradora. Por la antigua N-V casi no pasan coches, el río discurre ancho y silencioso, las ruinas de Fuerte Napoleón se localizan muy fácilmente y se puede seguir el desarrollo del combate con toda precisión. De lo que fue Fuerte Ragusa, escondido entre la vegetación se adivinan los fosos y la forma abaluartada que tanto nos entusiasma a algunos. El puente de Carlos I, que en realidad no tuvo mucho que ver con la acción, sigue reinando majestuoso sobre este tramo del Tajo.

Para profundizar en la historia del puente citaré un estupendo artículo de Maria del Carmen Heredia publicado en la Revista del Ministerio de Fomento número 53, año 2004 “Puente de Almaraz. De cuño imperial”, y sobre el combate del 19 de mayo mencionar una página web historia de Lugar Nuevo que, la verdad, a veces funciona y otras no (no sé, misterios de la informática), pero que cuando lo hace es una mina de información exhaustiva sobre el tema, y, como no, la entrada que a esta acción de Almaraz dedicó, allá por el mes de febrero 2009 Miguel Ángel García en su blog 1808-1814escenarios.blogspot.com, con su riqueza iconográfica habitual.

lunes, 19 de abril de 2010

El cementerio de la Florida

Una entrada pequeñita para contar que ayer, despúes de casi una década de afición a y estudio sobre (más de lo primero que de lo segundo) la Guerra de la Independencia -sección Peninsular war- me acerqué al cementerio de la Florida. Esto de vivir al lado de las cosas es lo que tiene .... que luego no vas nunca . Lo de "me acerqué" es un eufemismo porque lo cierto es que no tenía nada claro dónde se ubica y estuve buscándo un buen rato.


Me gustaría poder decir que la visita valió la pena, pero ni por esas ... Se encuentra en una zona algo apartada del madrileño barrio de Argüelles y me temo que de noche más vale no pasearse sólo. Y además está cerrado. Dice una plaquita en la verja que abre los sábados de mayo y junio, pero en otros sitios he leído que sólo abre el dos de mayo para que los próceres locales realicen la consabida ofrenda floral .. Me acercaré el próximo mes, a ver qué pasa.


Por lo demás se encuentran aquí las cenizas de una cuarentena de valientes españolitos de a pie que tuvieron la mala suerte de que saliera su número en el siniestro sorteo que organizaron los franceses para redondear las represalías por lo de la jornada del dos de mayo. Bueno, todos menos uno. Según he leído, el présbitero Francisco Gallego y Dávila fue ejecutado por orden directa de Murat, que a pesar de no ser una de las lumbreras del siglo algo debió olerse sobre el papel de la Iglesia en los años venideros. A cambio tuvo (el sacerdote) el dudoso honor de figurar en lugar preeminente en el cuadro de Goya.


Como todos sabemos las ejecuciones tuvieron lugar en la madrugada del 3 de mayo de 1808 en la cercana Montaña del Príncipe Pío (más o menos dónde se ubica ahora el templo de Debod) y unos años despúes, en 1814, Goya las plasmó en el famoso cuadro. Por cierto el pintor se encuentra sepultado en la aledaña Ermita de San Antonio de la Florida, cuya cúpula adornó con sus frescos en 1798.


Las cenizas de otras victimas están enterradas en el monumento de la Plaza de la Lealtad, en otro de los lugares dónde se arcabuceó a diestro y siniestro en la tarde noche del dos de mayo. Entre éstas se hallan las de Daoíz y Velarde y algunos restos (?) del Teniente Ruiz. Parece que el pobre se encuentra repartido por distintos lugares de la geografía hispana ....   

jueves, 8 de abril de 2010

Puente del Arzobispo

Esta afición nuestra por la Historia encierra múltiples satisfaciones para la mente (ese afán constante de profundizar, de aprender más sobre nuestro tema preferido) y para el cuerpo (esas caminatas interminables, arrastrando mapas y libros para situarnos en el punto dónde creemos que ocurrió esto o aquello, buscando con ojos cada vez más expertos las huellas de la historia). Y otra consecuencia, beneficio colateral, es que las huellas de hace 200 años te llevan a sitios dónde ni remotamente hubieras soñado poner los pies, y de hecho cuando le explicas a la parienta o conocidos tus planes de viaje te suelen mirar con aquella cara … ya saben .. ¿Garcihernández? ¿El Bodón? ¿La Albuera? ¿Poço Velho?

Uno de esos lugares, dicho sea con el mayor respeto, es el pueblo de Azután, en la provincia de Toledo.

Una población cercana al Tajo dónde en la tarde del 8 de agosto de 1809 se disputó la primera manga del combate de Puente del Arzobispo, localidad esta algo más conocida y que se encuentra a escasos cinco kilómetros. Lo interesante de Azután es que en la época existía un vado por dónde la caballería francesa flanqueó la posición española que defendía los accesos al puente río abajo.

El Tajo a su paso por Azután

Conviene recordar que nuestras tropas, la 5ª División de Infantería del Mariscal de Campo Luís Bassecourt y la 2ª División de Caballería del Teniente General Duque de Alburquerque formaban la retaguardia del ejercito aliado que en aquél momento, tras la batalla de Talavera, se dirigía hacia Extremadura y, en último término, la seguridad de Portugal.

Wellington había cruzado el Tajo por este punto unos días antes y tras el consabido y acalorado intercambio de opiniones entre los dos Generales, quedaba encargado el Ejército de Extremadura del Capitán General Don Gregorio García de la Cuesta,  ofrecer la oportuna oposición al perseguidor francés.

Así que hacia las dos de la tarde del 8 de agosto el Mariscal Soult ordena una maniobra de flanqueo, el paso del Tajo por el vado de Azután y, a decir del Conde de Toreno, un autor al que no podremos acusar de escribir para audiencias británicas, sorprenden a nuestras tropas, no guardando el paso, sino "... el descuido propio de ejércitos mal disciplinados, hizo que no hubiese de nuestra parte gran vigilancia, por lo cual, en tanto los enemigos embestían el puente, cruzaron descansadamente el vado 800 caballos suyos ...". Otros autores aluden a tropas españolas sesteando a la sombra, todo muy entendible habida cuenta de "la calor" pero que tal vez case mal con ciertas exigencias bélicas.


Total que los franceses pasan el río, se enfrentan a una cierta resistencia por parte de 300 jinetes del primer Regimiento de Húsares de Extremadura, aunque acaban dueños del terreno  y se dirigen ya por la izquierda del Tajo hacia Puente del Arzobispo y el cerro de San Juan, dónde nuestras tropas esperan la acometida francesa.

Puente del Arzobispo desde la posición española
 en el cerro de San Juan

Cuando ésta se produce se deduce que, a pesar de alguna que otra descarga de fusilería y un fuego más o menos (según las fuentes) nutrido de cañon, la resistencia española no se alarga en demasía y más bien se produce, en un momento dado, algún que otro movimiento de fuga desordenada. En los textos que he consultado la verdad que la acción ocupa pocas líneas, y me temo que destaca la inadecuada preparación del mando español a la hora de acometer la defensa tanto del vado como del puente. Como hecho anecdótico comentar que los franceses recuperan los cañones que habían  perdido en Talavera, y que Wellington le cedió a Cuesta para la defensa.

Una representación del puente. En 1809 las tropas
 españolas fortificaron las dos torres centrales.

Evidentemente, el libro de referencia sobre la campaña del Tajo es la obra de Juan José Sañudo y Leopoldo Stampa "La crisis de una alianza", un gran volumen lleno de datos, mapas, fotos y extractos de fuentes primarias. Una pena que no haya más como ésta.