domingo, 26 de septiembre de 2010

Bayona - 14 de abril de 1814

En abril de 1814 el Imperio napoleónico se enfrenta a su némesis. El hombre que seis años antes, desde este mismo lugar, manejaba los destinos de Europa a su guisa, ve ahora como, a pesar de los esforzados intentos del Mariscal Soult ("La seule tête militaire de la Peninsule", como le describió el mismo Napoleón) en las batallas pirenaícas, las tropas aliadas han invadido Francia por el Bidasoa en noviembre de 1813.

Los trabajos de fortificacion de los reductos de Bayona se aceleran durante el invierno de 1813. Soult plantea manibras defensivas en la zona de los ríos Nive y Adour, pero ello no impide que el 24 de febrero de 1814, las tropas británicas crucen el Adour cerca de la desembocadura y asedien la Ciudadela por el norte.

La ciudadela (fachada sur) desde el Adour.
Las posiciones británicas se encontraban en las colinas de izq. a dcha.  

Bayona ha quedado aislada y, de hecho, la marea de la guerra ha dejado atrás la ciudad, puesto que tanto Soult como Wellington dirigen sus movimientos hacia el este, hacia Toulouse. Los habitantes de la zona, deseosos entre otros motivos de recuperar el hundido comercio bayonés y hartos de años  bélicos, no tardan en estrechar lazos con el invasor y aparecen muy pronto y abundantes las primeras cocardas blancas, símbolo de la destronada Monarquía de los borbones.

Detalle de la fachada. La "porte royale" (centro) queda oculta
por la cortina St-Bernard. La "tricolore" ondea ... 

Los cronistas coiciden en que el general al mando de la plaza fuerte, Thouvenot, se toma la cosa con mucha calma y se producen escenas de confraternización en los puestos avanzados. Sin embargo, por razones que aún se discuten, el 14 de abril, casi un par de meses despúes del inicio del sitio, decide realizar una salida nocturna que se salda con centenares de bajas por ambos bandos.

Lo cierto es que el 11 de abril Thouvenot fue informado por emisarios ingleses de la entrada de las tropas aliadas en París y del fín de las hostilidades entre Francia y los Coaligados.

Plaza del Aguila Imperial. Monumento a los
acontecimientos de 1814   

Con terquedad propia del carácter galo el General francés se niega a rendir la plaza hasta no haber recibido ordenes expresas del Mariscal Soult. Así, no será hasta el 27 de abril (!!) cuando, una vez llegó el texto del armisticio y periódicos parisinos que informaban de los hechos los sitiados iniciaron negociaciones con lo británicos para la capitulación de la plaza.


Reverso del Monumento. Relación de combates
y de tropas en la defensa de Bayona

Por fín, el 28 de abril de 1814 se iza la bandera blanca y las tropas reciben la cocarda blanca, al tiempo que los oficiales superiores se adhieren al nuevo régimen. La guerra ha terminado ... hasta el regreso el Ogro, unos meses despúes ...

Detalle del Aguila imperial. El ala izquierda quebrada simboliza
la invasión, pero la bandera alzada protege la ciudad.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Bayona – Castillo de Marrac

Ya sé que tengo pendiente el periplo por los puentes de Vitoria 1813, pero como he estado de vacaciones cerca de Bayona no me resisto a saltarme el turno y dedicar mejor una serie de entradas a esta ciudad en su época imperial.

Y digo imperial porque aquí dónde las veis, esta escasas ruinas del Château de Marrac fueron en mejores tiempos ni más ni menos que residencia imperial de Napoleón I.


Debo reconocer que me pierdo un poco (no, miento, bastante) en el acontecer de nuestra Real Familia en la primavera de 1808. Las idas y venidas de Carlos IV, Felipe VII, Maria Luisa de Parma, Godoy y demás Infantes, consejeros, cortesanos y nobleza, se me antojan de imposible entendimiento para mi escasa capacidad de comprensión y por mucho que lo intento no logro comprender qué papel desempeña cada personaje en los acontecimientos y quién le hizo qué a quién ni porqué. En fin, un desastre.

Así que me limitaré a lo que seguro que ya sabéis todos mejor que yo y que resumo de una estupenda "Historia de España" editada hará ya un lustro por el diario “El Mundo”, en su volumen dedicado al siglo XIX.

Placa en el Castillo viejo de Bayona. Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II
adquirió y amplió el castillo de Marrac en su exilio, hacia 1729.

Más o menos es así: tras el motín de Aranjuez (19 de marzo de 1808) Carlos IV abdica en su hijo Fernando. A los pocos días el ya ex - monarca se arrepiente y retira la abdicación. Ambos, padre e hijo, deciden someterse a la mediación de Napoleón, cuyas tropas, no lo olvidemos, campan ya a sus anchas por el noroeste de la Península como muestra el "Estado del Ejército francés en España en abril 1808" (con permiso de Miguel Ángel García y mi agradecimiento por su ayuda).

Con engaños por parte del Embajador francés y del Mariscal Murat, primero Fernando VII y luego sus regios padres salen de Madrid, el 10 y el 20 de abril de 1808 respectivamente, y se dirigen hacia el norte. Aunque en un primer momento la cita con Napoleón se piensa tendrá lugar en Burgos o Vitoria, de lo dicho nada, el pérfido Emperador ha llegado a Bayona el 14 de abril y espera en su recién adquirido château la llegada de los monarcas españoles, mientras pasa revista diaria a la Guardia en el parque de la propiedad.

Sí los árboles hablasen ....

Digo recién adquirido porque cuando Napoleón llegó a Bayona desechó rápidamente la residencia propuesta, el Castillo viejo, y prefirió la casona señorial de Marrac que, como nos cuentan en “Histoire de Bayonne - le Consulat et L’Empire 1808 1814-” fue adquirida a sus dueños, unos hermanos, comerciantes israelitas llamados Marqfoy, por la módica suma de 60.000 francos (lamentablemente no tengo el tipo de cambio a mano).


Ilustración del Château de Marrac. Los grabados
del edificio original son escasos.

Fernando VII llega a Bayona el 20, la Emperatriz Josefina el 27 y Carlos IV y su delegación el día 30. Napoleón acoge al primero con imperial frialdad y al último con extrema calidez, con salvas de ordenanza, revista de tropas y recepción de notables.


La Porte d'Espagne de la Ciudadela de Bayona, testigo del desfile de VIP
en abril y mayo de 1808.

Y así, tras unos días de conversaciones familiares más o menos amables llegamos al fatídico 5 de mayo, día en el cuál el más ilustre de los hijos de Córcega recibe de manos de un correo llegado directamente de Madrid, la noticia del levantamiento en la capital y (supongo) decide dar el consabido puñetazo en la mesa. Se asegura por la mañana de ese mismo día que Carlos IV le cede los derechos a la Corona de España, obliga a Fernando VII a devolver el trono a su señor padre y finalmente ofrece la corona a su hermano José.

Muro oeste y sótano.

Y luego todo este “beau monde” se dispersa; Carlos IV a Compiègne, Fernando VII a Valençay y el Emperador a sus quehaceres, que, por cierto, en unos pocos meses le llevarán a España a arreglar en persona ciertos desaguisados de su Augusto Hermano.

¿Y el Castillo de Marrac? El 21 de julio de 1808 Napoleón y su séquito dejan Bayona. En noviembre de 1808 el Emperador reside por un único día en el castillo, de paso hacia España, pero a su vuelta de la Península ibérica, en enero de 1809, apenas se detiene unas horas antes de proseguir ruta hacia Burdeos. Nunca volverá, ni a España ni a Bayona.

Muro norte del castillo

En 1813 ante la proximidad del ejército inglés se evacua el mobiliario, y el edificio queda abandonado. En 1825 un incendio lo arrasa, y no será hasta 1907 en que se decide proteger los restos. Actualmente lo que era en 1800 una residencia de campo se encuentra rodeada por los suburbios, pero el parque y las ruinas son otros de esos parajes evocadores dónde sabemos que se escribió una parte importante de nuestra Historia.

Placa del "souvenir français" en el muro del castillo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Arapiles 2010

Hace un año comencé este blog con una (pequeña) entrada sobre Arapiles, y parece oportuno inaugurar la "vuelta al cole" con el mismo tema.

Así que para finalizar el largo y cálido verano - virtual y real - me encaminé una vez más hacia Salamanca, con la idea de visitar la Exposición del Bicentenario en Ciudad Rodrigo y ya de regreso a la capital, parar en Arapiles para recorrer el campo de batalla, una vez más.

Puente y Castillo de Enrique II de Trastámara (hoy Parador de Turismo)
en Ciudad Rodrigo

Con la exposición no os aburro, doctores tiene la Iglesia en el mundillo blog, que han glosado sus méritos mucho mejor que el que suscribe. Sólo me permito repetir lo que otros ya han dicho: "Id a verla", vale la pena, y mucho. Documentos, grábados, cuadros, armas blancas y de fuego, ... sin contar con la ubicación, la Casa de los Águilas cuyo patio y fachadas valen de por sí el desplazamiento.

Y tras el deleite del espíritu en el silencio de la exposición, el esfuerzo de la carne en forma de intensas caminatas por el campo de batalla salmantino, bajo un no menos intenso calor y polvareda.

No he podido evitarlo ...

En esta ocasión, animado por una recomendación de Miguel Ángel Martín, me desvié del circuito habitual y recorrí cúal infante del 88º el camino desde el Teso de Aldeatejada hasta Miranda de Azán.

La perspectiva del enfrentamiento cambia radicalmente,  y podemos darnos cuenta de la sensatez de Wellington en la ubicación de sus distintas divisiones y como, una vez en marcha, el dispositivo francés y, dicho sea de paso, la "pifia" de Thomières son evidentes a la vista de Pakenham y sus tropas.

La vista desde el Teso de Aldeatejada, hacia el sureste.
El Arapil Grande a la derecha y el Arapil Chico a la izquierda.

LLegar hasta Miranda y su Pico es un pequeño triunfo, entre el calor, el sol de frente y el polvo del camino, pero os recomiendo la experiencia, la visita se enriquece sobremanera y acabas, una vez más, asombrado de que -además de lo que tú acabas de hacer a pequeña escala- los chicos de la Gran Bretaña tuviesen, entonces y sólo entonces, que empezar a pelear ... 


La vista desde el Monte de Azán, hacia el este.

Un último consejo y acabo, que me estoy alargando mucho: imprescindible "jugar" a encontrar los paneles informativos con los que Miguel Ángel Martín se ha empeñado -en el mejor sentido del término- en ilustrarnos la visita, y, no menos imprescindible, llevar en la mochila el "Salamanca 1812" de Rory Muir y leer, en la cima del Teso aquello de "Edward, avanza hacia esas colinas y llévate por delante todo lo que se interponga en tu camino" ...